Ajedrez. El equipo de primera cae por la mínima.

Con el equipo de Preferente en jornada «de descanso», la presión en esta jornada se trasladaba al equipo de Primera, que se desplazaba a Orvina, para medirse con Orvina B. Teniendo en cuenta que Orvina B había ganado 4 a 2 al Orvina C en la primera jornada, y que nosotros habíamos empatado a 3 con el C en la segunda, parecía que tendríamos dificultades para arañar puntos, así que alineamos a Rafael Ruiz como primer tablero para aliviar la presión sobre el resto del equipo, que se enfrentarían, en teoría, a jugadores más asequibles. Aún así, el ELO de nuestros rivales era claramente superior al nuestro.

El equipo rival no alineó a las «super estrellas», dejando a Pedro Rebolé como primer tablero contra Rafael. Fue la partida que acabó antes, con ligera ventaja de las negras, pero que «Rafi» consideró que no era suficiente para ganar, firmando tablas. Aunque era deseable la victoria en ese tablero, no era un mal comienzo.

La alegría de la tarde nos la volvió a dar Javi Lizuain, que ganaba en el 5º tablero a Manuel Arcos, casi al mismo tiempo que Miguel Angel Serrano abandonaba en el 4º frente a Sanchez. Las espadas seguían en todo lo alto.

En el segundo tablero, Eduardo Tuñón tenía una posición de enroques opuestos frente a Mikel Otxoa que parecía prometedora, pero tras las tortas de rigor en ambos flancos, se acordaban las tablas por la dificultad de progresar por parte de ninguno de los contendientes. ¿Exceso de prudencia? ¿mieditis del «presi» ?  A falta del dictámen de nuestros expertos compañeros de Preferente, lo dejaremos en un «medio punto más a la saca». Seguía el empate en el marcador global, y cualquier cosa podía pasar.

Jesús Uriz contra Adolfo Ruiz en el tercer tablero llegaba a un final de alfiles con la típica posición de peones bloqueados. Una vez más, las tablas eran inevitables, dejando a Roberto la decisión final del mach.

Roberto Ezcurra, en el 6º tablero contra Daniel Fernandez se encontraba en una delicada situación, que parecía que podría aguantar, pero con 2 minutos en el reloj cuando su rival tenía 51. Obligado a hacer las jugadas más finas para sostener la posición, en un final de torre y alfil  con un peón pasado y torre en sexta de su oponente, a falta de 50 segundos cometía un error fatal y perdía la torre, y con ello Orvina ganaba el encuentro por la mínima (3 puntos y medio a 2 y medio) llevándonos pese a ello, un botín que no era para nada evidente antes de jugar.

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